CAMBIA TU LENGUAJE Y CAMBIARÁ TU MUNDO

Las palabras son un vehículo de comunicación simbólica de sorprendente poder.
A través de ellas no sólo nombramos, afirmamos, declaramos, hacemos peticiones, cumplimos o desatendemos promesas.
Es infinito el recorrido y la repercusión de las palabras en nuestras comunicaciones.
El poder de la palabra es tal que repercute en nuestro estado de ánimo, en nuestras emociones y en nuestro comportamiento.
Como bien indica un bonito proverbio japonés, “una palabra amable puede calentar tres meses de invierno”, de ahí que la sabiduría popular haga alusión acerca de poseer y saber ejercer el “don de la palabra”, porque constituye todo un arte, saber adecuarla al verbo y momento oportunos.
Buda, afirmaba que “Las palabras tienen el poder de destruir y de sanar. Cuando son verdaderas y bondadosas, pueden cambiar nuestro mundo”.
Las palabras son tan poderosas que sirven o son utilizadas a veces sin conciencia, otras de manera deliberada, por lo que pueden elogiar, estimular, agradecer, culpar, destruir, difamar, etc. En función de su efecto, hablaremos de un lenguaje que limita y otro que potencia, cuida y es sinónimo de procurar estados óptimos de crecimiento y expansión.
¿Con qué palabras caminas por la vida?
Te propongo que prestes atención al tipo de palabras favoritas que llevas en tu equipaje y que dan forma a tus expresiones cotidianas, tanto públicas como privadas. ¿Existen y utilizas palabras de respeto, consideración, agradecimiento y reconocimiento? ¿Predominan las órdenes, los mandatos, las exigencias, los reproches, los juicios, la crítica, las recriminaciones?
El lenguaje refleja nuestro sentir, lleva en sí mismo un plan de acción futuro y guarda una estrecha vinculación con la salud mental.
Antes de disponernos a comunicar al exterior, desplegamos una conversación interna que emana de los 60.000-70.000 pensamientos diarios que nuestra mente produce.
Lo sorprendente suele ser que, si prestásemos atención, descubriríamos que el 90% nuestras conversaciones internas son recurrentes y repiten las mismas palabras que acaban por afectar a nuestra autoestima, sensación sentida de bienestar y que posteriormente se abrirán como ventanas y aroma al mundo exterior.
Porque hay palabras que pesan y otras que nos impulsan, porque la magia de la palabra radica en usar aquellas que impactan positivamente en nuestra neurología, porque no estresan y son precursoras de bienestar, te invito, a que las tomes en consideración y reformules tus comunicaciones:
¿Qué ventajas aporta incluir en nuestro vocabulario palabras positivas? TODAS.
- Tejemos lazos personales y profesionales basados en la amistad y la satisfacción
- Despertamos el poder de la motivación propia y en las/os demás
- Nos energizamos y energizamos a las/os demás, al disminuir el cansancio mental gracias a que el cerebro no necesitará hacer un barrido/filtro del estés auditivo de las palabras tóxicas sobrecargando al sistema nervioso
- Permiten que se puedan alcanzar acuerdos consensuados y minimizan los conflictos
¿Cómo puedo construir mis conversaciones de una manera más positiva?
- Abstente/Huye de colocar etiquetas, éstas condicionan cada acto comunicativo
- Usa palabras sencillas y evita conectores trampa como: siempre, nunca, pero.
- Antes de hablar, toma conciencia de tu conversación interna: palabras que pesan vs palabras que consideran
- Porque el primer lenguaje tóxico suele ser el interno, realiza micro entrenos, ante el espejo, o con personas de confianza, incluso grábate hablando y diciendo algo en clave positiva.
Shakespeare decía que “Las improvisaciones son mejores cuando se preparan”; aquí te dejo algunas propuestas para practicar y experimentar con su efecto, tanto al pronunciarlas como al escucharlas:
- En lugar de decir “No sé o no puedo hacerlo” sustitúyelo por “vamos a intentarlo y después valoramos”.
- En lugar de decir “Es imposible” sustitúyelo por “vamos a abordarlo y a ver qué vemos”
- En lugar de decir “No llego a todo” sustitúyelo por “¿Cómo podría priorizar?”
- ¿En lugar de decir “No quiero excusas”, sustitúyelo por “¿Qué dificultades has encontrado?”
- En lugar de decir “Aquí se hace lo que yo digo”, sustitúyelo por “seguid este criterio y luego valoramos su efecto”
- En lugar de decir “No es para tanto” sustitúyelo por “Entiendo que te afecte,¿ qué necesitarías para abordarlo?”
- En lugar de decir “siempre haces lo mismo”, prueba a sustituirlo por “En esta ocasión, ¿podrías hacer esto otro y luego lo hablamos?
- En lugar de decir “si fallo no valgo”, sustitúyelo por “estoy desarrollando mis capacidades”
Y como me suele gustar añadir, usa tu magia, usa tus palabras, construye tus expresiones creativas, y, sobre todo, felicítate por hacerlo probable, porque hasta los errores más sonados, son semillas para lo posible.
¿Hablamos? Cuando quieras te acompaño en tu viaje hacia tu libertad.
